¿Qué miden las escalas para depresión?

Científicos de la Universidad Miguel Hernández de Elche estimularon la corteza visual del invidente hasta que logró percibir la luz, movimientos y hasta letras grandes.
Según el estudio, liderado por el biólogo molecular Uri Alon, del Instituto de Ciencia Weizmann de Israel, hasta el 55% de la variación en la duración de la vida humana estaría determinada por factores genéticos, siempre que se sustraiga el efecto de las causas de muerte externas, como accidentes o infecciones. Esta tasa es más del doble que lo que decían las estimaciones previas, que situaban la heredabilidad de la duración de la vida humana entre el 6% y el 33%.
Hoy me encontré este Substack de Francisco Alcoba que tiene muchas cosas para reflexionar:
Antes, discrepar abría una conversación. Hoy, suele cerrarla. No porque falten datos o razones, sino porque el desacuerdo ha dejado de ser un proceso y se ha convertido en un punto de llegada.
Formular una hipótesis, corregirla, matizarla, retirarla cuando era desmontada: esos pasos formaban parte natural del debate. Permitían avanzar, incluso cuando no había acuerdo. Hoy, en cambio, discrepar suele fijar una posición. Se enroca la idea, se clausura la alternativa y se elimina la posibilidad del error.
El problema no es discrepar.
Es que, una vez hecho, ya no hay marcha atrás.Cuando el desacuerdo deja de ser reversible, deja de ser útil. Sin capas, sin matiz, sin posibilidad de corrección, no hay debate funcional: solo afirmaciones enfrentadas.
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